Por: Manuel
A este régimen uribista le gustan sólo algunos perros con dientes, sus perros. Los que muerden al obrero, los que asesinan a inocentes y luego los visten de camuflado para cobrar recompensa, los que se roban la plata de los pobres y se la dan a los ricos, los que matan sindicalistas, los que muerden con dientes de motosierra, los que espían a todo el mundo, los que atienden en casa de Nari a sus amigos narcos, los que muerden a los indígenas, a los negros, los que pagan votos reeleccionistas con notarias, los que compran Yidis y Teodolindos, los que entregan la soberanía, los que regalan pedazos de país a los militares gringos, los que cuidan la finca de los ricos, de las transnacionales y de los narcos, en fin, los perros canallas, cínicos, corruptos y rabiosos del régimen. A esos perros este gobierno les ha afilado los dientes para que con cada mordisco despedacen a los más débiles, a los más dignos, a los que protestan, a los pobres. Esos mismos perros, con dientes de hiena, trataron una vez más de comprar otra reelección, tan sucia como la anterior, tan narcotizada, tan elitista y tan descarada. Aun no se sabe si lo lograrán porque en el país de los perros traicioneros todo es posible.
En cambio, a los uribistas les molestan mucho los perros de la oposición, porque cuando ladran hacen mucho ruido y alertan al país sobre un nuevo escándalo, avisan la llegada de ladrones de cuello blanco. Es por esto que salen corriendo tras de ellos con las tenazas y los bozales de los medios masivos de comunicación, para quitarles los dientes o ponérselos de caucho, así, si muerden, no hacen daño.
Todo este juego de palabras en realidad es un atropello contra los perros, ellos no se merecen que los comparemos con esta casta politiquera y corrupta que dirige la nación; los perros son más bien leales, fieles y desinteresados. Sólo es una forma gráfica y clara de señalar el control del régimen sobre todos los estamentos de la sociedad. Cuando requiere todo el peso de su poder sobre la oposición, las baterías del Estado se encuentran sincronizadas, listas y a su máxima potencia; pero cuando la violación de las normas y de los derechos humanos señalan a ese Estado como infractor, extrañamente esas baterías pierden poder, energía y fuerza, son neutralizadas. Por ello, tener entidades, instituciones o corporaciones con ascendencia democrática y honesta sirve de muy poco en Colombia, porque al final de cuentas no tienen las herramientas para cumplir con su deber. ¿Y de qué sirve un perro si no tiene dientes?
Por ejemplo, en qué quedaron las investigaciones de la procuraduría por el montón de notarías que el gobierno le dió a los que respaldaron la reelección? ¿Qué pasó con el cohecho de Yidis y Teodolindo que confesaron el delito y por ende a la otra parte responsable, o sea a Sabas Pretel, al ministro Palacios y al propio presidente? Esa procuraduría medieval es un perro hecho a la medida del gobierno. Ahora salta a la escena mediática el Consejo Nacional Electoral, máxima institución para tratar temas de registraduría, censo electoral y especialmente procesos de recolección de firmas con fines de reformas constitucionales. Pero surge como un obstáculo a las pretensiones de Uribe y sus secuaces de reelegirse, y no sólo eso, el Consejo Nacional Electoral descubre hechos ilegales y delictivos en el proceso de recolección de firmas. Por eso, justo cuando esa institución se refiere a las consecuencias legales de la violación a los topes y demás, entonces salen todos los caninos con dientes afilados a contraatacar: según ellos, el Consejo Nacional Electoral no tiene facultades para nada.
No es sino leer en el Espectador las aseveraciones de abogados como Juan Carlos Moncada refiriéndose al CNE… "Ellos tienen competencia, sí, le reconocemos para investigar violación de topes y para adelantar investigaciones electorales que tienen como consecuencia sanciones pecuniarias. De ninguna manera, anulación o invalidez de firmas". Está claro que cuando se trata de sus escándalos y violaciones de la ley a los uribistas les encantan que los juzguen los perros sin dientes. Es de lo más cínico este episodio; si existe un ente encargado de todo el tema electoral, entonces ¿a quien le corresponde fallar sobre cualquier irregularidad que se presente en medio de tal o cual procedimiento al respecto? Para terminar con la montaña de porquerías que se producen en este régimen y frente a este tema de la reelección, el 27 de noviembre venció el plazo para que el presidente informara o notificara al registrador nacional sobre su intención de ser candidato presidencial, pero no lo hizo. Eso nos debería poner felices a todos los colombianos dignos y honestos, pero con todo el descaro y cinismo que le conocemos a este gobierno, nada se puede asegurar.
Frente a las aseveraciones anteriores, se supone que las reglas se hacen para cumplirlas. En el caso de la violación de topes económicos en la campaña de recolección de firmas, cualquier desprevenido diría ¿y eso qué tiene que ver? ¿cuál es el problema?. Pues muy sencillo, que si de plata se tratara, cualquier traqueto, que en el gobierno de Uribe abundan, podría financiar las reformas y los referendos que se le vinieran en gana y tendría toda la legalidad a su favor, lo mismo podemos decir de los más ricos. Se supone que en Colombia todos tenemos los mismos derechos, entonces no pueden existir normas que le faciliten todo a los ricos en detrimento de los pobres, eso en la ley parece apenas obvio, así en la vida real no lo sea.
En cuanto a la fecha límite para notificar al registrador la intención de participar como candidato a la presidencia, es una norma básica que pretende equilibrar a todos los candidatos, ponerlos al mismo tiempo y en las mismas condiciones en el partido, y en especial al candidato-presidente que tendría ventajas sobradas. Si él decidiera ser candidato los entes de control podrían vigilar su comportamiento en medio de las elecciones, pero si no notifica, no informa que va a ser candidato, y empieza a hacer campaña, pues ya sabemos lo que pasa. Lo más seguro es que lo va a hacer, porque no hay perros con dientes que se lo impidan.
Con este panorama no se puede hacer otra cosa que acudir a la poca dignidad que los colombianos y colombianas tenemos guardada. Hay que abstenerse de votar y no sólo por la reelección. Los colombianos pobres y humildes que somos la mayoría (más del 70%), deberíamos hacer en este mes, en que todos se relajan, bien sea en medio de los festejos familiares o en medio del licor, una gran reflexión. ¿A quién carajos se le ocurre que los ricos, que siempre son los candidatos a la presidencia, nos van a resolver los problemas de salud, vivienda, empleo, educación, alimentación, entre otras necesidades básicas insatisfechas? ¿Será, Juan Manuel Santos, uno de los seres más despreciables por arribista y guerrerista quien resolverá los problemas de esta sociedad? ¿será el ladrón Uribito? ¿el pusilánime Vargas Lleras? ¿o el mediático Fajardo? ¿o el experto en guerra Rafael Pardo? No sería justo que un pueblo al que le han asesinado sus compatriotas más humildes para luego convertirlos en una cifra por la cual se pagan premios, se preste para elegir o reeligir a su nuevo verdugo para los siguientes cuatro años o más.
La abstención en este período no es una consigna vacía, no es una orientación sectaria o de principios, la abstención como nunca antes recobra un sentido humano, es un llamado a la dignidad, a la inteligencia, a la justicia. Los colombianos debemos castigar a un régimen que jamás ha realizado el mínimo esfuerzo por apropiarse de nuestra desgracia; no hemos tenido un sólo gobernante que podamos señalar como mínimamente aceptable; no hemos tenido un presidente al que le haya dolido el hambre, la desnutrición, la falta de techo, de educación de su pueblo, el saqueo de sus recursos; ninguno que haya surgido de los movimientos populares de los barrios pobres, que le haya tocado pagar arriendo, pensiones, hacer mercado y vivir las frustraciones que nos toca a la mayoría de colombianos. ¿Cómo es posible que nos parezca el mejor aquel emparentado con la mafia, tramposo, guerrerista, arrodillado, entreguista y rico, hecho millonario a partir de sus crímenes?
Nuestro voto deberá ser siempre un voto digno, inteligente, exigente, de confianza. Por ahora hay que reflexionar, organizarse, luchar por nuestros derechos, construir poder popular, edificar una patria socialista. Las razones que en décadas pasadas esgrimiera nuestro comandante Camilo Torres Restrepo frente a la abstención hoy se hacen más vigentes. La maquinaria de los poderosos está en su máxima potencia, pesa sobre los hombros y las cabezas de los humildes, no existe la más mínima garantía de respeto a nuestras decisiones y ambiciones populares. El año 2010 deberá ser un año de lucha contra la oligarquía, contra la pobreza, contra la guerra de los injustos, el año de la recuperación de valores solidarios, de recuperación de la dignidad, del castigo a los asesinos de nuestro pueblo. En cada vereda, en cada barrio, en cada rincón de nuestra patria debemos luchar por el cambio anhelado y necesario, de luchar por la revolución.
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